PROLOGO

Qué difícil es destacar en la crianza de caballos de carrera y cuánto más
difícil es hacerlo en el Perú, con su costa árida, salpicada de valles húmedos regados por ríos que se secan casi totalmente en invierno. Lo que es muy bueno para el cultivo de frutas, legumbres y otros vegetales, no lo es para los pastizales de extensiones grandes y con riego natural que se requieren para criar los mejores atletas pura sangre de carrera.

Pocos son los casos en nuestro país de criaderos de caballos de carrera
que superan los cincuenta años de existencia y alcanzan con renovado ímpetu a la tercera generación. Para alcanzar estos dos hitos, la historia nos enseña que se requiere de un fundador con mucha afición y pasión por la crianza y también con mucha vocación para transmitir esas vibras a sus hijos y nietos.

Rancho Fátima se inició a comienzos de la década de los 70s, poco tiempo
después de las funestas confiscaciones de terrenos agrícolas e industrias de la Dictadura Militar, que destruyó nuestra agricultura y originó el cierre forzado de muchos importantes criaderos. Arrancó pues con fuerte viento en contra y su crecimiento fue prueba cabal del temple y coraje de su fundador Jaime Rizo Patrón Remy, virtudes que en el frente industrial caracterizaron su exitosa defensa ante las confiscaciones de entonces.

Quizás el hecho que más impulsó la evolución inicial de Rancho Fátima, fue
en noviembre de 1973 cuando asistimos extasiados a los categóricos triunfos clásicos de Santorín y Flor de Loto en el Hipódromo de Palermo en Buenos Aires, frente a los mejores caballos del continente. Fue una demostración palpable que caballos peruanos criados en extensiones veinte veces menores que las de los caballos argentinos, podían derrotarlos y vaya en qué forma.

La historia de Rancho Fátima reseñada en este libro, es innovación permanente, antes y después de que tocaran el cielo en 1992 con el cuádruple coronado Stash. Siempre han seguido de cerca la evolución de las mejores líneas genéticas y conformación física en el mundo y así seleccionan a sus reproductores. En alimentación buscan las mejores pasturas, forrajes y granos; y, ejercitan a sus productos con cuidado, pero con intensidad. Estas características presentes en Puente Piedra y ahora en Cañete siguen más activas que nunca cuando Rancho Fátima está pasando a la tercera generación.

Es muy destacable que tras más de cincuenta años de constante evolución, sigan prevaleciendo en Rancho Fátima la filosofía y las metas de su fundador:
generar líneas de sangre propias y criar caballos fuertes que respiren la distancia y puedan competir con brillo primero en las Coronas de tres años y luego en los grandes clásicos de adultos.

Para honrar ese legado, en los años recientes Rancho Fátima ha iniciado un
proceso de actualización constante, incorporando nuevos padrillos de gran valía, yeguas jóvenes de excelente linaje y más área de pasturas. La pasión y dedicación de los directivos y del personal del haras se trasluce en esta evolución, lo cual es muy inspirador para quienes fervientemente deseamos que en el Perú se sigan criando campeones que compitan triunfalmente en los grandes clásicos del continente.

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